EL SACRIFICIO DE JESÚS EN LA CRUZ…Omraam Mikhaël Aïvanhov

He aquí lo que fue el sacrificio de Jesús. No basta pues con decir que, puesto que él derramó su sangre, estamos salvados; ¡sería demasiado fácil! Al derramar su sangre, Jesús sólo abrió un camino para que nosotros pudiéramos, con nuestros esfuerzos, salvamos a nosotros mismos, y por tanto somos nosotros quienes debemos caminar ahora por este camino, estudiando y aplicando su enseñanza.
El sacrificio de Jesús fue el punto de partida de un nuevo concepto de Dios y del hombre. Jesús pagó para que se abriera un camino.

Jesús muerto en la cruz … Los cristianos transportando con ellos esta imagen del crucifijo intentaron convertir a la tierra entera. Desde hace dos mil años, no cesan de repetir: «Jesús murió por nosotros… Jesús vertió su sangre por nuestros pecados … Haciendo en la cruz el sacrificio de su vida, Jesús nos salvó … El hijo de Dios dio su sangre para la salvación del mundo … » Y repitiendo esto, se consideran como inmensamente superiores a los creyentes de las otras religiones, y sobre todo de los infieles. ¿Os dais cuenta? El hijo de Dios Mismo derramó su sangre por ellos, y expió por ellos el pecado original.  Sus amigos, incluso sus padres no darían ni dos céntimos por ellos, pero el hijo de Dios, él, dio su sangre, ¡verdaderamente hay de qué sentirse orgulloso! ¿Cómo en el siglo veinte es aún posible continuar alimentando semejantes creencias?

Desgraciadamente, basta con ver el estado en que se halla la cristiandad para constatar que los cristianos no se han salvado mucho más que los creyentes de otras religiones, ni tampoco se han salvado más que muchos incrédulos. Cometen las mismas faltas de honestidad, los mismos crímenes, porque siempre es la misma naturaleza humana egoísta, codiciosa, vengativa que habita en ellas. Pues sí, un ser humano no cambia milagrosamente de naturaleza porque haya sido bautizado. «Es verdad, dirán algunos, que los cristianos también son pobres pecadores. Pero si creen sinceramente que Jesús, hijo de Dios, murió para su salvación, esto basta; porque es la fe la que salva, y cuando lleguen al otro mundo, serán reconocidos como verdaderos hijos de Dios.» Pues bien, desengañaos: si no se han manifestado ya como hijos de Dios durante su vida en la tierra, no lo harán tampoco después de su muerte.

No tiene ningún sentido repetir que Jesús nos salvó. Los cristianos recitan: «Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo» … Pero es una necedad. Jesús pagó con su vida por el hecho de haber sido un precursor; pagó con su vida la audacia de querer traer una luz, incluso aunque esto debiera molestar a las autoridades religiosas y políticas de su época; pero no vino para tomar sobre sí las faltas de los humanos. Si los humanos cometen faltas, son responsables de ello y deben pagarlas. Imaginarse que alguien fuera de ellos pueda salvarles de las consecuencias de sus actos, significa no haber comprendido nada de la vida espiritual, ni incluso de la vida psíquica. Se le pueden dar medios, métodos para que él mismo se salve, pero no se le salva. Cuando se ve a ciertos cristianos, incluso entre aquellos que aparecen como los más fervorosos, es evidente que Jesús no les ha salvado: ¡en qué estado de miseria espiritual se encuentran!

Como Jesús fue crucificado hace dos mil años, ¿todas las generaciones de cristianos en el futuro iban a ser automáticamente salvadas? …. Pero, ¿se sabe solamente lo que es «la salvación»? En realidad, Jesús hizo más que tomar sobre sí los pecados de los hombres, lo que de todos modos es imposible; les abrió un camino para que llegaran, con sus propios esfuerzos, a salvarse ellos mismos y pudieran andar por este camino eternamente.

Cada gran hijo de Dios que viene a la tierra aporta a los humanos verdades, nuevos métodos para salvarles, pero son ellos quienes deben comprenderlos y utilizarlos, son ellos quienes deben trabajar en su propia liberación. Diréis: «¡Pero así resta valor al sacrificio de Jesús!» En absoluto. La grandeza del sacrificio de Jesús no se menoscaba si os digo que sólo seréis salvados con vuestro trabajo. Dios únicamente desea una cosa: el perfeccionamiento de la criatura humana. Y para perfeccionarse, es necesario hacer esfuerzos. Nos pueden abrir el camino, nos pueden decir cómo caminar, pero nadie puede caminar en nuestro lugar, somos nosotros quienes debemos avanzar. Y el sacrificio de Jesús, es también el precio que debió pagar para abrir este camino. Pero ¿hay muchos cristianos que estén dispuestos a comprenderlo? ¿Acaso alguien les ha explicado, aunque sólo fuera una vez, por qué Jesús debía verter su sangre en la cruz?

En la época que Jesús vino, el camino que conduce a Dios estaba tan obstruido por presencias oscuras, que sólo los seres que poseían una inteligencia, una voluntad y una audacia excepcionales tenían la posibilidad de avanzar. La multitud, el pueblo vegetaba porque era voluntariamente retenido en los niveles inferiores de la conciencia. La religión era cosa de una elite, y aquellos que no pertenecían a esta elite se les dejaba en la ignorancia. Se les divertía con supersticiones e historias para caerse de sueño, e incluso si estas prácticas y estos mitos tienen en realidad un sentido muy profundo, se cuidaban bien de no revelárselo.

Era preciso por lo tanto hacer el camino más accesible para todos los humanos, y es lo que Jesús hizo. Sólo lo puede comprender aquél que posee el verdadero saber iniciático, pero sin embargo trataré de aclararas esta cuestión comenzando por daros un ejemplo. Existen regiones en la tierra donde no hubiera sido posible ir de un punto a otro si no se hubieran construido carreteras, vías de ferrocarril, etc. Pero para ello, era preciso primero secar pantanos infestados con todo tipo de animalejos, perforar túneles en la montaña, o abrirse paso a través de una vegetación infranqueable. Una vez terminados estos trabajos, el camino era finalmente practicable para todos aquellos que querían tomarlo.

En la época en que Jesús vino, el camino de la evolución estaba obstruido por entidades monstruosas, egrégores que se alimentaban con la sangre de las víctimas ofrecidas a los dioses. Antes de Jesús, todas las religiones practicaban sacrificios sangrientos; y los espíritus del mundo astral, que también se les llama larvas, elementales, se alimentaban con las emanaciones producidas por la sangre de las víctimas y no cesaban de multiplicarse y reforzarse, formando alrededor de los humanos una atmósfera oscura e insana. Es por tanto a través de estas regiones pantanosas del plano astral cómo Jesús vino a abrir un camino para que todos los humanos, incluso los más desheredados, los más despreciados, pudieran interiormente ir al encuentro de su Padre celestial. Pero, como para abrir un camino en el plano físico, era preciso ante todo despejar, limpiar y purificar; y no era tan fácil librarse de esas entidades que obstruían el camino. Por esto, en vez de la sangre de las víctimas donde ellas encontraban su alimento, fue necesario que Jesús diera la suya. Sí, esto es un gran misterio: el poder de la sangre. Cuando se habla de la sangre que Jesús derramó por nosotros, hay que sobrentender ese fluido tan puro que es una condensación de la vida divina.

Se dice en los Evangelios que, en el Jardín de Getsemaní, Jesús comenzó a sentir la angustia de la muerte hasta el punto de que «su sudor se volvió como grumos de sangre que caían a tierra.» Evidentemente, la sangre puede ser interpretada en sentido propio o en sentido figurado, porque antes de ser este líquido rojo que circula por el cuerpo, la sangre es una quintaesencia sutil portadora de vida en la cual se expresan todas las cualidades y virtudes del hombre. Y si en apariencia la sangre de Jesús no difería de la de cualquier ser humano, en realidad, cada gota de esta sangre era semejante a una gota de luz.

Jesús se había purificado e identificado hasta tal punto con su Padre celestial que su sangre se había convertido en una condensación de la vida divina, de la esencia misma de Dios. Al caer al suelo, las sustancias celestiales con las que estaba impregnada esta sangre, modificaron algo en la misma materia de la tierra, haciendo aparecer fuerzas y virtudes que todavía no poseía. Y cuando las entidades del mundo astral se abalanzaron sobre ella para alimentarse, esta sangre produjo en ellas el mismo efecto que un licor demasiado fuerte que no pudieron soportar: se sintieron como embriagadas; por tanto, se debilitaron, fueron anestesiadas y dejaron libre el camino. El camino está ahora libre para todos los humanos.

He aquí lo que fue el sacrificio de Jesús. No basta pues con decir que, puesto que él derramó su sangre, estamos salvados; ¡sería demasiado fácil! Al derramar su sangre, Jesús sólo abrió un camino para que nosotros pudiéramos, con nuestros esfuerzos, salvamos a nosotros mismos, y por tanto somos nosotros quienes debemos caminar ahora por este camino, estudiando y aplicando su enseñanza.

El sacrificio de Jesús fue el punto de partida de un nuevo concepto de Dios y del hombre. Jesús pagó para que se abriera un camino. Porque siempre hay que pagar. Incluso para un camino, ya lo sabéis, hay que pagar, y no sólo con dinero. Desde hace siglos, ¡cuánta gente en el mundo pagó con su vida la construcción de carreteras, de túneles, de puentes, de vías de ferrocarril! Entonces, con mayor motivo era necesario pagar para abrir en el mundo psíquico un camino hasta Dios. Y es porque abrió este camino que Jesús pudo identificarse con el Cristo y decir: «Yo soy el camino», o también «Nadie puede ir hasta el Padre sino a través mío.» Interrogad a Jesús, si podéis, y él os responderá: «Mi sacrificio no es lo que creéis. ¿De qué sirve pagar una vez en la historia por los errores de los hombres? Comenzarán a pecar otra vez.»

Cuando se paga por las faltas de alguien sin iluminarle, éste no comprende ni tan sólo lo que se ha hecho por él, y de nuevo cometerá los mismos errores. Si alguien se mete en problemas… y lo sacáis de allí, está muy bien, pero hay muchas posibilidades de que vuelva a caer a la primera ocasión. Como no ha aprendido nada, no ha comprendido nada, ni siquiera está agradecido, olvida lo que habéis hecho por él; la siguiente vez, os volverá a pedir ayuda, y si no se la dais, se enfadará. Entonces, ¿cómo puede progresar?

Este sacrificio de Jesús que los cristianos no cesan de cacarear desde hace siglos, ya es hora de que comiencen a comprenderlo correctamente. Diréis: «Pero, ¡como! «Cacarear» no es una palabra respetuosa». Así que, ¿pensáis que es respetuoso haber llenado la tierra de representaciones del suplicio de Jesús? ¿Pensáis que Jesús se siente feliz de verse representado por todas partes colgado de una cruz? Los cristianos han llevado la cruz hasta todos los confines del mundo amenazando a pueblos inocentes: «Si no creéis que Jesús os salvó muriendo en la cruz, os mataremos.» ¿Es esto lo que quería Jesús?

Incluso ahora, todos los curas y pastores continúan repitiendo: «Jesús fue crucificado… Jesús dio su sangre por nosotros.» Pero esto ya se sabe, ¿de qué sirve repetirlo? Se adormece a los cristianos con estas palabras. Evidentemente, se quiere mostrarles la inmensidad del sacrificio de Jesús, pero esto no produce grandes resultados. ¿Por qué no presentarlo más a menudo triunfando, en la paz y la luz, con el fin de inducir a los humanos a ser como él? Insistiendo tanto en su suplicio, algo de la conciencia se oscurece. Los corazones sensibles, ciertamente, se conmueven y derraman algunas lágrimas. Pero ¿cómo sentirse exaltado teniendo continuamente ante sus ojos la visión de un ser martirizado, sangrando y coronado de espinas? No se siente ningún deseo de seguir su ejemplo.

Para poder entusiasmar a los humanos, es necesario presentarles la belleza, la grandeza. Se puede hablar de la crucifixión, pero dándole también una interpretación más amplia. En el Cristo crucificado, un Iniciado ve el Alma del mundo ofreciéndose a las cuatro direcciones del espacio. ¿Pero acaso es esta dimensión sublime y gloriosa la que se presenta a los cristianos?

Jesús se sacrificó para traer la luz a los humanos, para liberar una vía que les conducirá hasta el mundo divino. Y todo esto es mucho más importante que haber tomado sobre sí todos sus pecados. Jesús abrió el camino de la salvación dando una enseñanza, y gracias a esta luz, son los humanos mismos quienes se liberarán de sus pecados. Por esto, no sólo dijo: «Yo soy el camino», sino también: «Yo soy la luz del mundo.» Jesús nos dio esta luz para mostramos la dirección, y nosotros somos quienes debemos andar con nuestras piernas. Pero los cristianos quieren que sea Jesús mismo quien les lleve hasta el Cielo, y continúan cometiendo los mismos errores, los mismos crímenes contentándose en repetir: «Jesús nos salvó». Pues bien, no, Jesús no es el maestro de los perezosos.

Pero comprendedme bien, no he venido para demoler lo que enseña la Iglesia, he venido para ajustar las cosas, para armonizarlas, con el fin de mostrar a los cristianos cuál es verdaderamente esta vía abierta por Jesús. Incumbe a cada uno salvarse a través de su propio camino de pureza, de sabiduría y de amor.

Pocas personas son capaces de medir la grandeza del sacrificio de Jesús. Derramar su sangre: nada es más precioso que la sangre, a causa de todo lo que representa en el plano físico, concreto, y también en el plano espiritual. Por esto se originaron muchos relatos alrededor de esta copa en la que, según los Evangelios, José de Arimatea habría recogido la sangre de Jesús. Toda la leyenda del Grial se formó alrededor de esta copa: tiene como origen la necesidad que tuvieron los humanos de conmemorar, de perpetuar en la memoria de los siglos los misterios de la sangre del Cristo. Todas estas cosas son muy santas, muy sagradas, y todo mi ser se estremece cuando debo exponerlas ante vosotros.

Omraam Mikhaël Aïvanhov

Extracto:  OM-42-10-QUE ES SER UN HIJO DE DIOS complet

“EL SACRIFICIO DE JESÚS EN LA CRUZ” ( pagina 105)

http://www.omraam.es/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s