“QUE REPRESENTA LA GLORIA DE DIOS”… Omraam Mikhaël Aïvanhov

Dios no tiene necesidad de nosotros para alabar sus méritos: todo
lo que podamos decir con respecto a Él, no le afecta en nada, ¡nuestras palabras,
son ¡tan pobres! Pero somos nosotros quienes tenemos la necesidad de glorificar al
Señor, a fin de entrar nosotros mismos en su luz. Glorificar al Señor, no es
únicamente repetir que Él es grande, poderoso y sabio, esto no basta; glorificamos
al Señor vinculándonos a Él, trabajando para purificar nuestros pensamientos,
nuestros sentimientos, nuestros deseos, nuestros actos. Es así como entraremos en
la luz de la gloria divina, y allí donde caiga esta luz, estaremos nosotros también presentes.
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Cuando yo era un joven discípulo del Maestro Peter Deunov, en Bulgaria, noté
en él cierta actitud que me tenia intrigado. Daba la impresión de que, de repente,
olvidaba todo lo que le rodeaba para entrar profundamente en sí mismo, y se podía
observar cómo sus labios se movían imperceptiblemente pronunciando algunas
palabras imposibles de descifrar. Esto podía suceder en cualquier momento:
cualquier cosa que hiciese, siempre sucedía que, por un instante se detenía, cerraba
los ojos y pronunciaba así algunas palabras; y como si se hubiera retirado en otro
mundo, su rostro expresaba algo extraordinariamente pacífico y profundo.
Ciertamente no me atrevía a preguntarle. Pero un día, logré distinguir esas
palabras; y eran «Slava na Tebe, Gospodi», es decir, «Gloria a Ti, Señor». Y yo
pensaba: «Si un gran Maestro que está siempre tan estrechamente vinculado al
Señor, necesita varias veces al día pronunciar su nombre, con mayor razón
debemos hacerlo nosotros también.» Y quise imitarlo. En el transcurso del día, en
cualquier lugar donde me encontrara, me acostumbré a repetir: «Slava na Tebe,
Gospodi.» Y vosotros también debéis hacerlo, ya sea en búlgaro o en español,
como queráis; no os ocupará más que algunos segundos. Cuando estéis en vuestra
casa, en la calle, en el trabajo, deteneos por un instante para uniros con el Señor
pronunciando esas pocas palabras que nadie comprenderá, y enseguida os sentiréis
enlazados de nuevo con la Fuente divina de la vida.

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Maestro Peter Deunov – Beinsa Douno

Pero insisto una vez más. Lo esencial, es la conciencia con la que realizáis estos
ejercicios tan sencillos. Aunque no sea más que por unos segundos, hacedlo con el
sentimiento de estar realizando un acto sagrado. Es la intensidad la que cuenta, no
su duración. ¿Nunca os ha sucedido que os habéis sentido inexplicablemente felices
porque, de repente, un pensamiento, un sentimiento os atraviesa y todo cambia en
vosotros? Es como si se hubiera iluminado el resto de la jornada. Entonces, ¡cuanto
más poderoso puede ser el pensamiento del Señor, de la Fuente que distribuye la
vida en abundancia! Pero todo depende de la importancia que deis a este
pensamiento. Al principio, intentad pronunciar esta frase al menos una vez cada
hora: «¡Gloria a Ti, Señor!» Pasado cierto tiempo, os surgirá espontáneamente,
como la necesidad de respirar.

light-chakras
Nos incumbe a nosotros glorificar a Dios en la tierra como los ángeles Le
glorifican en el Cielo. Entre las miles de conferencias que he oído del Maestro, una
de ellas en especial, me conmovió y marcó tan profundamente, que es la primera
que siempre me viene a la memoria. Estábamos en una de las cumbres de los
Montes Rila, y el Maestro hablaba del trabajo que debemos hacer para la gloria de
Dios. Hace ya algunas decenas de años que esto ocurrió, y no sabría ahora repetir
exactamente sus palabras, pero eran tan luminosas, que para mí fueron una
revelación, y me imprimieron un sello para el resto de mi existencia. Lo que más
recuerdo, es lo que sentí al oír al Maestro decir que nada es más importante que
consagrarse a glorificar a Dios por la palabra, la mirada, los gestos, todos nuestros
actos, porque así es como entramos encontacto con la Fuente de la vida.
«Glorificar»… Pero ¿qué significa la palabra «gloria» para la mayoría de las
personas? Están demasiado obnubilados por las glorias humanas para comprender
lo que representa la gloria de Dios. En el arte sagrado, la pintura, la escultura,
siempre se representa a Cristo o al triángulo de la Santísima Trinidad, rodeados de
rayos de luz, y son estos rayos de luz a lo que se denomina «gloria». La gloria es
pues la manifestación luminosa, resplandeciente de la vida divina.
Dios no es uno de esos monarcas tiránicos y vanidosos que reclaman que se
exalten sus riquezas, sus méritos, sus hazañas, y que necesitan hacer sombra a todo
lo que les rodea. Dios no tiene necesidad de nosotros para alabar sus méritos: todo
lo que podamos decir con respecto a Él, no le afecta en nada, ¡nuestras palabras,
son ¡tan pobres! Pero somos nosotros quienes tenemos la necesidad de glorificar al
Señor, a fin de entrar nosotros mismos en su luz. Glorificar al Señor, no es
únicamente repetir que Él es grande, poderoso y sabio, esto no basta; glorificamos
al Señor vinculándonos a Él, trabajando para purificar nuestros pensamientos,
nuestros sentimientos, nuestros deseos, nuestros actos. Es así como entraremos en
la luz de la gloria divina, y allí donde caiga esta luz, estaremos nosotros también presentes.

Fuente:OM-42-02-LA FE QUE MUEVE MONTAÑAS (La Fe, la Esperanza y el Amor)

paginas: 67-68

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